jueves, agosto 27, 2009
La zamba del pañuelo, Integrante: Norma Laniecki, Curso: lunes de 14.30 a 16.30 hs.
Entreverado con los lugareños está el ingeniero Alberto Quesada, llegado de la Capital hace seis meses. Se mueve como uno más. Opina, evalúa y mira con insistencia a la Rosita. El ha dicho que no se irá sin aprender a bailar la zamba. Cosas de porteño. El lunes regresa a Buenos Aires.
Las diez primeras parejas son eliminadas. Empieza la chacarera. Con el cambio de ritmo, después del corto descanso, los bailarines están renovados. Han dado un paso adelante en el concurso. Transmiten alegría, fuerza, ganas de triunfar. Todos son muy buenos pero en la próxima quedarán sólo cinco. No será una elección fácil.
El valsecito criollo empieza y todos se mueven y lo tararean. Es un placer genuino comparable a pocos. Parece tan simple ese baile, pero lo que vale es mostrar en los movimientos lo que siente cada uno. No alcanza la habilidad, la agilidad, lo que cuenta es el corazón. Y en eso el Prudencio y la Rosita se destacan. Como el número es impar se eliminaran solo dos parejas. En la final habrá tres: una, la ganadora. Igualmente ya no caben muchas dudas. Se tendrán que lucir en el pericón nacional, un malambo, y de nuevo una zamba: esta vez la del Pañuelo.
La emoción que despierta el pericón, la destreza de los hombres en el malambo y los primeros acordes de la guitarra descorren un escenario inolvidable.
En el medio de la zamba, cuando todos están por empezar a aplaudir a los consabidos ganadores, a la Rosita se le caen dos lágrimas, tres, muchas. Solloza sin consuelo. Mi zamba como un pañuelo llora en la tarde mi padecer. Los ojos de Alberto fijos en los de ella. Si andando, andando niña un día mis ojos te ven pasar.
El Prudencio, sin saber que hacer, trata de secarle el llanto con el pañuelo que iba a coronarla. La zamba que voy llorando en los senderos. Alberto Quesada sabe que hacer. Se despide en silencio del niño, que un día, florecerá.
El certamen se declara desierto.
miércoles, agosto 26, 2009
Sin título, Alejandro Crimi, Curso: Lunes de 17.30 a 19.30 hs
Un recuerdo macerado en la tristeza y una especie de furia amontonada en el estómago que no se va con nada.
Yo que he vivido toda mi vida en este pueblo, sé que no hubo ni habrá otro día igual.
A veces ,una tiene esas cosas de mujer, que están acá, debajo de la piel, algo que no hace falta entender con palabras, un amasijo de tripas que llega hasta el corazón y desde ahí mismo el recuerdo es como el polvo en la hondonada, se ve, se siente, se muerde…
Era un mediodía gastado. Sucio. Empastado con el polvo del adobe.
Yo los escuché desde mi rancho gritando toda la mañana. Endiablados como los perros en celo. Los ví subiendo y bajando del monte, con el olor de la muerte en la nariz, en los ojos. En el perfil de los rangers.
Sabía que la escuelita estaba vacía, pero reventaba de a ratos de uniformes y gritos. Y parece que a veces una tiene que estar en el lugar que le manda la vida, (digo yo).
Estaba en el patio moliendo unos granos y ví de refilón como lo arrastraban. Me tapé los ojos cuando lo golpeaban en la espalda. Se rían y escupían el hilo de huella roja que dejaba sobre la tierra seca. Al ratito escuché el ruido y ví como los pájaros se espantaban hacia la tarde. Enseguida me vinieron a buscar a la casa. Les dije que no tenía nada que ver con los melenudos, pero no les importó y me llevaron a donde estaban unos soldados.
El más gordo estaba parado detrás de una mesa, me miró, y dijo que era un día para entrar en la historia, puso las cejas hacia arriba como queriendo agrandar una cara que no daba para tanto. Vaya y déjeme bien limpio a ese gringo. Que mañana van a hablar de esto en todo el mundo, dijo, se pasó la mano por el bigote y la cara se le atrancó entre los nudillos gordos y azules.
Pero él no entró al cuarto, le ordenó al sargento que lo hiciera con migo. Supe en ese momento que el pedazo de rencor que mordía cuando ordenaba, era miedo. Un miedo pardo y amarillo como la bilis que le subía cada vez que nombraba al muerto.
Me impresioné cuando lo ví y eso que he visto muchos, una se va haciendo dura como la tierra gris. Pero este…
Tenía los pelos largos, le explotaban desde la cabeza y se le pegaban en la cara. Los ojos abiertos, desnudos, como si supiera donde sigue la vida.
Y yo tuve miedo de tocarlo, de borrarle esa cara serena, sin marcas. Me puse de costado para verle el perfil y el sargento que todavía estaba allí, aprovechó para darle un cachetazo y juro que me miró, aunque yo supiera que estaba muerto. Tuve que pedirle fuerzas a la “Pacha Mama” para no salir corriendo. No se asuste, dijo el sargento, este gringo está bien muerto y se río con fuerza llevándose la sorna de su voz hacia fuera, hacia la recamara llena de su fusil.
Le acomodé la cara y lo dejé mirando al frente, le limpié el pecho cuidando de no lastimar la herida de su corazón, después las costillas de a una. Tan flaco estaba y la selva que le brotaba de los dedos, de los dientes, del sol muerto en el frío del invierno. Y el agotamiento, vivo haciéndose piel sobre piel en el cuello y los brazos.
Estaba cansada cuando terminé de vestirlo y me quedé quieta cerca del cuerpo, en un costado, pensé como se sentiría su madre y lloré mirándolo un buen rato. Me descubrí después, enamorando un mechón hosco de su pelo entre mis dedos y soñé con su mirada de viento, dándome las gracias y repitiendo mi nombre.
Y puedo jurar haberle visto un gesto tierno en su cara. Y su voz hecha sonrisa, rodeándome la cintura. Llevándose toda mi soledad hacia el monte, hacia la guerrilla nueva que estaría comenzando en otro lugar.
A veces ya tan vieja, me pregunto si es por eso que estoy sola y él todavía sigue ahí, apoyado sobre los hombros como quien se escapa de la muerte y la vence. La doblega y se hace vivo cada día de mi vida.
Mi amigo José, Integrante: Leonardo Fernández. Lunes: 17.30 a 19.30 hs
Mi amigo José
La niebla del río por la noche jamás fue de mi agrado, mucho menos cuando el camino si bien más corto, es bastante más peligroso. La gente que trabaja en el muelle suele ser muy desordenada, dejan las cosas en cualquier lado y a veces se producen accidentes por desconocimiento de la zona o por falta de luz. En este momento por ejemplo el lugar está a oscuras y solo me guío por intuición y algún recuerdo de éste camino que hice muchas veces. De pronto, una sombra surgida de la nada me obliga a cambiar de dirección y detenerme, creo reconocer su cara, paralelamente un transformador de corriente deja caer un cable casi en el lugar donde yo estaba, el chisporroteo al tocar el suelo me dice que la suerte estuvo de mi lado. Un grupo de obreros pasa a mi lado apurado para vedar la zona y reparar el desperfecto, miro a mi alrededor y me doy cuenta de que soy el único en el lugar. Más sereno, recuerdo el momento en que la sombra interrumpió oportunamente mi camino. Siento a mi espalda una presencia y giro la cabeza, creo ver a José que se aleja hacia la bruma ¡José! le grito sorprendido, pero no obtengo respuesta, quedo con la desagradable sensación de haberme dirigido a nadie. Los electricistas realizan una reparación de emergencia y la luz empuja la oscuridad hacia el río, voy hacia ella y me siento mejor
Más tranquilo me pregunto si era José, o mi cabeza lo tenía presente, ya que me dirigía a su casa a devolverle una visita. Si era José, por qué no se detuvo, qué hacía en ese lugar inesperado y solitario.
Con esos pensamientos llegaba ya a la casa de mi amigo, cuando el mismo grupo de antes pasa alborotado y gesticulante para detenerse y señalar horrorizado hacia arriba.
Alcé la cabeza y allí estaba José, enredado por la cintura a un cable eléctrico, con los brazos abiertos hacia adelante, como si fuera su último abrazo. Me sentí descompuesto, se mezclaban mil imágenes de nuestra relación, nacida casi en una niñez, huérfana entonces de sueños y vivencias pero rica en juegos y potrero. Nuestra adolescencia luchando a brazo partido contra nuestras carencias y limitaciones, el juramento frente al cuerpo de su madre de recibirnos juntos y pelearle a la vida sin aflojarle nunca. Las jornadas de trabajo y luego las horas de militancia en el sindicato que formaron nuestro carácter y nos pusieron frente a realidades que muchas veces no pudimos cambiar. Más de cuarenta años entendiéndonos con la mirada, compartiendo los primeros pasos de los chicos, la felicidad del hogar y sus pequeñas cosas. Nunca olvidaré el orgullo cuando su hija se recibió de ingeniera, hasta se compró un traje para la ocasión. Con el tiempo se nos fue despoblando el nido, la juventud pidió espacio en el gremio y la jubilación nos sorprendió aferrados a nuestra amistad insobornable. José apenas un año mayor que yo había tomado últimamente la costumbre de protegerme y darme consejos ya que según el yo era bastante gil para los años que tengo.
Miré nuevamente hacia arriba, sentí la calidez de su abrazo y comprendí entonces su presencia en el puerto, su sombra protectora cambió definitivamente mi destino.
lunes, agosto 24, 2009
Poemas, Integrante: Facundo Verna, Curso: Jueves de 17.30 a 19.30 hs.
Nos separa el abismo
rebelde
al destino inoportuno
Tus ojos ya no brillan
al amanecer de mi cuerpo
hecho cenizas
Moriré en tu silencio
indiferente
la eternidad de tus besos
es cristal no correspondido
Sudor
Recuestate a mi lado
miremos el cielo
se desdibujan los rostros.
La habitación está fría
abrígame con tus palabras
acaricia mi cuerpo tembloroso
Olvida la merienda
es temprano para cenar
El sudor recorre sueños sin cumplir.
Canto - Integrante: Adriana Paez Montero - , Curso: Lunes de 17.30 a 19.30 hs.

Canto
con toda la voz que tengo
a pleno pulmón
con do de pecho
como un susurro
Canto
con entonación
con ilusión
con sentimiento
con amor
Canto
a todo vapor
a flor de piel
desde el alma
por no llorar
Canto
gregoriano
canto militar
canto patriótico
canto rodado
Canto
de gallo
de madrugada
de media noche
de media luna
Canto
de pájaros y de grillos
de ángeles
de sirenas
canto de moneda
Canto
desentonado
desesperado
por que sí
porque se me canta
Dibujo erótico, Integrante: Haydeé Medina - Curso: Martes de 14.30 a 16.30 hs

Para la gente conocida fue la sorpresa del día.
En Villa Caraza, Lanús, cercano al Riachuelo, una señal divina, una dibujo milagroso esperado. En el hogar de Martín (¡Martín!), o mejor dicho; en el hogar de la familia de Lucia, un dibujo con apariencia de imagen religiosa, apareció en la pared.
La televisión mostraba lo sucedido, el barrio, el interior de la casa, la calle Filcomayo ahora colmada de vecinos curiosos, chiquillos corriendo y periodistas fotografiando la zona.
¡Martín! El papá de Lucia, a quien tantas veces vi en la reunión de padres del colegio “Jaque Mate”. Martín, con sus ojos de terciopelo, que me miraba largamente, mientras yo rehacia las trenzas y le sacaba los pelos de la cara a su hija.
Fui a ver esa señal divina. Observé el dibujo. Deje que entrara en mi cerebro y que los subtítulos me aclararan el significado. Eran dos amantes. Entrelazados con sus piernas y sus brazos. Besándose. Fundidos el uno en el otro.
Tuve que sacudir la cabeza para ahuyentar mis golondrinas.
Me alejé con la familia cuando llegó el sacerdote católico con el grupo de catequistas de la parroquia. El pastor del templo vecino también compartía la ceremonia. Las recomendaciones fueron esperar y estar atentos a algún otro signo o manifestación.
Volví a mirar el dibujo. Volví a ver a los enamorados. Era una escena romántica o mi cabeza funcionaba mal.
Los sacerdotes bendijeron a los presentes. Me acerco a saludar a la familia y en la mejilla de Martín demoro un beso intenso, pero fugaz.
lunes, agosto 03, 2009
Reloj en la acera, Integrante: Juan Francisco Martínez, Curso: Martes 14.30 a 16.30 hs.

Con pasos lentos avanzábamos, descalzos, en la arena tibia, cargando los pocos y livianos bártulos que utilizábamos, disfrutando del día y el sol, en la costa de un mar verdeazulado.
Luego de la refrescante ducha, que nos libera de arena, hidrata y estira la piel borrando incipientes arrugas que nos regala Febo, salimos a caminar por la peatonal. En la acera muchos veraneantes con rostros felices, gozando del descanso espiritual y corporal.
Frente a la puerta de una heladería, mi sandalia tocó algo en el piso. Levanté un reloj de pulsera.
Parece de un chico, dijo Juanita.
O de una dama, afirmé.
¿Qué piensas hacer con él?
No contesté, miraba a los transeúntes, tratando de descubrir si alguno daba muestra de buscarlo.
Desde la puerta del negocio pregunté hacia adentro:
¿Alguien perdió un reloj?
Varios, dándose vuelta se encongieron de hombros en señal negativa. Sólo un muchacho delgado, alto como un álamo, con aspecto de pillo, acercándose dijo:
¿A ver cómo es?
Presentí una adversa intención.
Al que lo describa se lo entregaré, contesté.
Nos quedamos un regular lapso observando a los caminantes, ninguno dió señal de buscarlo.
En casa revisé el reloj. Era un Citizen de esfera rectangular plateada y un discreto borde metálico dorado, con pulsera plástica imitación cuero de cocodrilo.
Me sentía un poco contrariado, hubiera querido encontrar al dueño y entregarlo, y más aún si era de una criatura.
Sin intentarlo estaba cuestionando mi proceder. ¿Por qué ese profundo deseo en devolverlo? ¿Sería preferible quedármelo?
Si este simple hallazgo, consideraba, hubiera ocurrido en la gran ciudad, lugar habitual de mis actividades.
¿Habría adoptado igual determinación? ¿O lo tomaría como mío sin importarme del posible dueño?
Vacacionando, experimentamos un relax íntimo, inundando nuestro ser de sentimiento altruista que nos libera de egoísmos, de intereses mezquinos, de no ocuparnos de las necesidades del prójimo, nos hacemos solidarios.
Me sentía animado de buenos sentimientos. Quería devolverlo.
El dueño del reloj continúa ignorado. Tenerlo es un grato recuerdo por haber sido el disparador de un sentir noble en las vacaciones de Enero.
jueves, julio 23, 2009
La partida, María del Carmen Cerezal, Lunes: 17.30 a 19.30 hs.
La partida
Ya casi no le queda cómo ni dónde esconderse. De pronto una bandada de patos surge asustada del pastizal, remontando un vuelo más que ruidoso.
Se repliega. Sabe que alguien más está en las inmediaciones. El tropel de su corazón lo ahoga, le impide moverse. No hay subterfugio que le permita escudriñar los alrededores de la laguna.
No ha escuchado ruido alguno de galope.
La pampa sigue tan inescrutable como siempre.
El sol, alto, es un testigo indiferente de su drama. Sólo le queda esperar, mimetizarse con el entorno, sin pestañear siquiera.
Pasará tiempo hasta caer la noche.
Vuelve la calma. Tensa. Sigue inmóvil.
Pero su instinto le dice que la otra presencia persiste.
Está entumecido; las ropas húmedas por el sereno de la noche anterior no han llegado a secarse y se le pegan al cuerpo como un retobo gélido.
Tiene frío y no debe temblar. Hambre. Feroz hambre ¡Si al menos pudiera fumar! Pero cualquier movimiento podría delatarlo, cuánto más el tizón de un cigarro.
El pajonal no es escudo suficiente.
Trata de hacer un balance de su situación para saber que estrategia acometer. Es entonces cuando lo ve, o más bien lo sospecha.
Es de seguro un pampa y también lo está buscando.
No lo oyó llegar, porque ha seguido el hábito de emponcharle los cascos al caballo para ahogar así el ruido de la marcha.
Pero ahora sí lo descubre parado sobre el animal, oteando.
Es un indio joven, fuerte, cuya piel morena lo escondió en el paisaje y ahora brilla magnífica al sol.
Se incorpora como un resorte y dispara su carabina un par de veces.
El pampa salta del potro con la agilidad de un puma,
gritando: “Huinca, toro, Huinca!”
El soldado le responde: “acá, Calvaiú, Hermano toro, acá!”
La sonrisa ilumina el rostro de ambos mientras se abrazan, fraternales.
El cristiano está feliz. Llegó a la toldería y allí, la partida nunca lo alcanzará. El corazón del desertor, ahora a salvo, late agradecido.
Sin título, Integrante:Alejandro Crimi, Curso: Lunes 17.30 a 19.30 hs

A veces parece que los recuerdos no son míos. Que los tomo de alguien más y me los pongo encima. Los deshago y los vuelvo a hacer sobre un borde pelado de mi memoria.
Ahora me remito a los cinco años o quizás me haya impuesto esa edad arbitrariamente. Cuando la conocí, no llegaba a la mesa (puedo asegurarlo). Tuve que alejarme para verla y con el envión tropecé con una silla quejosa de mimbre. No me importó. Me puse en puntas de pie y ahí estaba. Asomando el cogote negro y brillante, como si estuviera lustrado. Erguida entre el pan y el humo ligero de la sopa.
Me lavé las manos antes que mamá lo pidiera y gané una sonrisa de aprobación. Con algo de esfuerzo me senté y entonces la pude ver completa. Me sorprendió la suave curva del lomo, la dura luz oscura, comparada con las servilletas y los platos hondos.
Escuché de fondo como mi abuelo empezaba a cantar la sopa. Y aún así esos silbidos opacos la hacían más bella, única.
La abuela me sirvió, yo metí los dedos en el plato por no mirar, pero fue una quemazón dulce. Todo un hombrecito (dijo mamá) y mi hermana aprovechó para decir algo que a mí no me importó.
Vacié el plato enseguida. A tiempo para ver como el abuelo la destapaba. Juro haber escuchado el canto de algunos grillos. Y una punta de burbujas brillantes, reventando ruidosas contra el mantel. Entonces las letras blancas del lomo se iluminaron por el contraste. “Coca Cola” leí o supe que eso decía y agarré la tapita por el filo. Un pequeño gato de chapa pensé y dejé que me marcara un poco la piel.
Esperé todo el almuerzo, pero mamá me sirvió agua de compota. La tomé de un solo trago y volví a esperar.
Las mujeres empezaron a levantar la mesa y yo me quedé con el vaso vacío algún tiempo más, hasta que también se lo llevaron. Ella quedó un momento sola entre las servilletas y las migas del pan. Ahora tenía el cuello casi transparente pero aún así no perdía nada de su belleza. Entonces la toque por primera vez. La panza apenas fría y húmeda. Dejé que mis dedos dibujaran el contorno y la imaginé entre mis manos, con la inclinación perfecta para que me inundara la boca, la garganta. La abuela me sostuvo la mano que todavía estaba sobre la botella, sonrió y dijo algo en italiano, que no entendí. Al final se la llevó y hasta la heladera festejó, eso creo, porque encendió la luz más fuerte. Yo me quedé esperando, hasta me dormí en la mesa, soñando su color, su perfume y las burbujas encendidas en la punta de la lengua.
Fantasía Negra, Integrante: Bárbara Benitez, Curso: Lunes 17.30 a 19.30 hs.

Cierro los ojos y tamborileo con todo mi cuerpo. Mis manos golpean fuerte el parche que cuanto más tenso, más las desgarran hasta causar en mí el sangrado que todo candombero sacraliza.
Muevo mis piernas bailoteando al ritmo del milongón que hago sonar mientras mis caderas forzadas -oprimidas por el tambor que calzo entre las piernas- siguen el compás; en tanto mis hombros se sacuden frenéticos ante esos golpes lujuriosos que le saco al parche y que me permiten dar rienda suelta a los deseos y a las sentimientos que surgen de mis ilusiones.
Se me hace difícil tocar y bailar al mismo tiempo. Pero nada me parece imposible cuando la negra pasión se desata. Ese es el momento cuando mi alma, extasiada, se deja llevar por ese sonido vertiginoso y sinfónico a la vez.
Ese místico desenfreno que sale de la sangre y del inconciente colectivo en el que guardo mis raíces, son mi razón de ser
En mi boca, las cuerdas vocales se aturden con la africana onomatopeya que resuena con el repiqueteo rítmico de los labios y los chasquidos contagiosos de mi lengua que en desatada danza golpean en el paladar.
Vivir por él es el único motivo que me aferra a la existencia. Sin él solamente hubiese sido un montón de carne sin sentido anclado en lo inhumano. Una maraña exagerada de impulsos sufridos y padecidos por culpa de la naturaleza y sus azares.
Esa es mi constante lucha entre el hombre y el fantoche que se engendró en mí, solamente derrotado por mi magia interior y gracias a que mi cabeza es el instrumento indómito de mi ejecución, lo cual es cosa de negros.
¿Ocupación o trabajo?, Integrante: Carlos Merlino, Curso: Lunes 14.30 a 16.30 hs.

UNO
Me veo en el espejo y no me gusto. Ese pelo largo que quiere ser lacio y no puede; la altura mediana, mucho busto y algo de barriga. Las piernas, cortas y regordetas, que rematan en tacos altos.
Con dejar de mirar basta. Me calzo el vestido corto –cortito- y agradezco que estemos a principios de abril: no sufriré frío. Como dice la Sofía la mercadería hay que mostrarla, sino estamos jodidas.
Son las cinco y cuarto. En una hora tengo que estar en Solís y Cochabamba donde paro con las chicas. Esto de vivir en Guernica y trabajar en Constitución jode bastante, pero no hay otra. Desde las seis y media hasta las dos de la madrugada hay que estar, esperar, caminar. Hay que atender a los autos que piden precio. Una vez hecho el levante ir a los hoteles, después volver al puesto. Viernes y sábados se pasan rápido, pero hay que estar todos los días. Algunos lunes me quedo: estoy molida y descanso todo el día.
A la mañana duermo. Duermo pesadamente como si estuviera muerta, hasta la una. Juancito se levanta temprano. Trabaja en un taller de tornería y antes de irse toma mate con pan o galleta. A las siete y media se pianta. Al rato se va la vieja –tan vieja no es: tiene cuarenta y nueve. Ahora está trabajando por Caballito. Quedo yo con Oscarcito que va al cole a la tarde, y Miriam.
En tiempo de verano –aunque es calurosa- la casilla anda al pelo. Con una garrafa de diez nos arreglamos para cocinar y calentar agua para lavarnos. Juancito se baña en el taller y yo siempre que puedo me baño en los hoteles. Los demás se arreglan con una tina chica. En invierno no hay frazada ni estufa que alcancen.
Miriam tiene dieciséis y empezó segundo año del nacional de Glew. En la primaria repitió y no quería ni oir del secundario. Yo le rompí las bolas para que fuera. Resulta que como en el fondo me admira me hizo caso. Hasta aprobó en marzo dos materias que se había llevado de primero. Como buena adolescente no sabe lo que quiere y pensó en empezar con lo que yo hago. En cuanto me lo dio a entender la frené y le dije que ella tenía que estudiar. No es que me haga la moralista, pero prefiero que termine el secundario y haga la vida normal de una chica. Que se case o qué se yo.
DOS
A veces se da que comemos todos juntos en la mesa de la casilla. Entonces Juancito me mira como para decir o pedirme algo. Una vez me dijo que había un puesto para atender un maxiquiosco cerca del laburo de él. Cuando me habló del sueldo me reí, tratando de no ofender. –Yo saco el doble de eso, a veces más- le dije. Es lógico que no le guste lo que hago, pero él sabe que lo tengo cortito. Que se meta en sus cosas.
En relación a lo que piensa la gente me acuerdo que una noche cayó uno a pie. Vestía como todos con zapatillas y jean pero no era ningún pendejo. Arreglamos el precio y fuimos para el hotel. Una vez allí me empezó a hacer preguntas: - ¿tenés familia?¿qué hacen tus hermanos?¿y tu vieja? Yo, sin perder mi sonrisa pintada, lo frené. –Señor, usted me va a pagar por acostarnos y hacer lo que quiera. Deje a mi familia tranquila que usted no la conoce-. Contestó que quería saber cómo era el ambiente en que vivía. –Mi ambiente es mío- le dije –levante los brazos que le bajo el pantalón-.
Cuento esto porque para mí un cliente es sólo eso. Los hay suaves y caballerosos, y otros que son guarangos insoportables. Pero sé cómo tratarlos. Ahora, que me quieran arreglar la vida no lo acepto. ¿Para qué quieren saber de mi familia si van a pagar por mi cuerpo? Lo que falta es que los evangelistas y los moralistas se hagan clientes de las putas.
TRES
Oscarcito es inocente como cualquier pibe chico. El padre es gasista y vive por Temperley. A veces lo viene a buscar y lo lleva en la camioneta al Parque de la Costa o al zoológico. Para no estar es bastante cumplido y cada tanto le deja al nene un sobre con plata para que se lo dé a la madre.
Yo no sé dónde está mi viejo. Por mí puede estar muerto, para lo que sirvió.
En cambio Mario, el padre de Juancito y Miriam, de vez en cuando llama al taller y pregunta cómo están. O se junta con Juan en algún bar para verse, y manda guita para Miriam. Además los reconoció, llevan su apellido.
En casa todos, menos Oscarcito, saben a qué me dedico. La vieja no está de acuerdo pero sabe que es inútil que se meta a opinar y me deja tranquila.
Hubo uno en la villa que me quería para casarse. Como futuro de vida no me atraía en lo mínimo. Jesús era un buen tipo, trabajador, pero a juntarme con un pobre albañil prefería seguir en lo mío Cuando se lo dije de frente durante unos días se quedó piola. Después una tarde me encaró cuando yo me iba. Dijo que ya que lo rechazaba se quería acostar conmigo pagando. Le contesté que en la villa no trabajaba, que yo trabajaba en hoteles y que si quería me buscase por Constitución. Nunca vino. Y era verdad: ningún hombre ha entrado a la casilla para encamarse conmigo. Mi familia es sagrada.
CUATRO
Me metí en el puterío porque me salió fácil. Con Leonor, después de los dieciocho, nos avivamos que era una especie de trabajo por cuenta propia. Patrones hay: la cana, los hoteles. Pero cuando se conoce el trabajo no hay muchos problemas. A los borrachos sabemos cómo tratarlos, y sino está el celular para llamar y pedir ayuda. Desde el hotel mandan a alguien que los raja, y de no, los cagan a trompadas.
Yo trabajo con dos hoteles. Tengo que dejar una suma mensual en cada uno, como todas. Con eso arreglan al comisario y listo. A veces cae un patrullero en las paradas y hace como que nos llevan. Al otro día estamos otra vez en la esquina, firmes como rulo de estatua.
Hay que cuidarse: que el forrito por aquí, que el forrito por allá. Con una sonrisa y de buenas maneras pero exigir que se lo coloquen. Todos hacen caso, y el que no chau y gracias.
Indigna cuando nos cuentan de los travas que llevan a la televisión. Los empilchan y los pintan como artistas y todavía los entrevistan. ¿Qué les pasa a los porteños con los travas? ¿son todos putos?
El trabajo en sí es bastante rutinario. No habría gran cosa para contar, y tampoco hace tanto que estoy en esto. Lo más raro que me pasó fue una vez que nos vinieron a buscar dos tipos. Querían cuatro chicas para una fiesta de la Cámara del Automotor o de los concesionarios de autos, o algo parecido.
Era un viernes a la tarde y nos teníamos que presentar a eso de la medianoche. Dejaron una seña y a la hora pactada nos bajamos de un taxi en la calle Lima al trescientos. Nos esperaba uno que nos llevó en ascensor hasta un piso. Había ocho o diez tipos y se veía por los restos de comida y botellas en una mesa que ya habían festejado, aunque no parecían estar muy en pedo.
Dejamos las carteras y enseguida nos pidieron que bailáramos en corpiño y bombacha con ellos. Al ratito apareció uno con una filmadora y empezó a filmar. Quisieron que nos acostáramos en el piso y moviéramos las piernas. Podían tocarnos o besarnos pero nada más. La penetración en una orgía se permite únicamente con forro y allí nadie parecía querer usarlo.
Al rato alguien gritó: ¡Viene Joaquín! Mientras tomábamos algo con las chicas vimos que hacían entrar a un pibe, mogólico, que no tendría ni veinte años, y lo sentaban, en bolas, en un sillón. Después pidieron que nos moviéramos delante de él, provocándolo. El tipo se nos quería abalanzar, pero cada vez que se levantaba lo tomaban de los brazos y lo volvían a sentar. Se desesperaba y pedía que lo dejaran libre para agarrarnos. Mientras tanto todos se reían y se burlaban de sus esfuerzos. ¡Las chicas no te quieren, Joaquín! le decían. Estaba completamente al palo pero no lo dejaban acercarse, cosa que les debíamos agradecer a esos hijos de mil putas. Después de hacerlo desear y burlarse de él durante varios minutos se lo llevaron.
Terminamos la noche chupando y bailando todos desnudos. Ya muy tarde hubo dos que nos llevaron en coche hasta Constitución, donde nos pagaron lo arreglado.
CINCO
La vieja nunca llegó a prostituirse. Los hijos que tuvo con diferentes hombres fueron cosas que le pasaron en su vida. Laburó siempre de doméstica, lo que no tiene nada de malo. Su desgracia fue que con los hombres tuvo el sí fácil. Ahora dice que no quiere saber nada de sexo. Por lo menos un nuevo hermano ya no creo que me dé.
No quiero que Miriam haga la calle. No es para ella. Va a sufrir con las miserias que se ven. Mientras pueda le voy a bancar el estudio y no voy a permitir que se dedique al yiro.
Un sábado al mediodía Juancito trajo a la novia para que la conociéramos. Se acercó a mi cama, me despertó y me pidió que me levantara para presentarla. Se llama Nancy y se quieren juntar pronto. Parece que en la casa de ella les dejarán hacerse una comodidad. -¿Y para cuándo?- pregunté. –Yo entré de cajera en el supermercado el mes pasado-dijo Nancy-así que por ahí en unos meses…
-Ojalá- les dije sinceramente. Además sin Juancito en casa estaríamos más cómodos, pensé, pero no lo dije.
Juancito se casa pronto. Oscarcito va al colegio, Mirian-aunque sin ganas- también. A mí me gustaría largar lo que hago al llegar a los treinta. Conocí dos o tres chicas que encontraron buenos hombres y dejaron la calle. Por Constitución pasan miles de tipos. Puede ser que alguno se enamore de esta gordita teñida y también yo lo presente un día en casa, para avisar que me voy a juntar con él.
Hasta podríamos hacer una fiesta y todo.
miércoles, julio 22, 2009
¿Soy un hombre? Integrante: Beatriz Roman Porcel, Curso: Martes 14.30 a 16.30

Soy un hombre, me lo he formulado una y mil veces. Soy un hombre de pelo en pecho y aventurero ¿Por qué no puedo tomar una decisión tan simple como ésta? ¿Si fuese mujer, como actuaría? Tal vez no pensaría ni un instante y adelante con ello. Pero eso no me tiene que preocupar. Vamos, hombre, adelante, que tiene que ser hoy y no mañana. Agarrá la navaja y afeitate de una buena vez, el bigote.
Las pupilas, Integrante: Alicia Sabella, Curso: Lunes 14.30 a 16.30 hs

Buenos Aires, 1932
Christe audi nos
El silencio del descanso dominical se interrumpe con las campanadas que preanuncian la misa. Los pasillos del convento, iluminados por luces mortecinas se llenan de ecos y susurros. Pasos sigilosos y el roce de los hábitos despiertan a las pupilas que, por decisión paterna, permanecen en el colegio los fines de semana.
Después de las ocho, las muchachas salen de la capilla. Es la hora del desayuno y en el comedor, las recibe el olor a café con leche mezclado con el persistente perfume a incienso. El entrechocar de la vajilla produce disonancias que resuenan en lugares distantes. Entonces se sientan alrededor de la mesa, una novicia lee algo, pero nadie escucha, porque las pupilas, rostros pálidos con ojos tristes se pierden en recuerdos y ensoñaciones, liberándose así del encierro.
A media mañana en sinuosa fila, custodiadas por las monjas, atraviesan el patio, cruzan las verjas y salen del colegio. Caminan por la calle, las manos juntas, los ojos bajos, leves en el andar, casi etéreas a pesar de los gruesos uniformes.
El paseo dominical es un recorrido de pocas cuadras hasta llegar a la iglesia donde las espera un adusto sacerdote, dominador de palabras, que despierta con sus sermones miedos y sobresaltos.
Kyrie eléison
Comienza el descanso dominical y la casa se cierra, pero siguen resonando en la sala las carcajadas de Doña Sarita que prolonga la tertulia con algún cliente demorado. Por los pasillos del prostíbulo iluminados por luces ambarinas, se escuchan ecos de pasos, son las pupilas que aún en ropa interior y dominando el cansancio se van acercando al comedor para desayunar. Las recibe el olor a café mezclado con el penetrante perfume que se agota en los pebeteros.
El entrechocar de la vajilla produce disonancias apenas audibles en el rumor de las charlas. Entonces se sientan alrededor de la mesa, el sonido monocorde de la voz de Doña Sarita se desvanece en el humo del cigarrillo, porque nadie la escucha. Las pupilas, rostros pálidos con ojos tristes, se pierden en recuerdos y ensoñaciones, liberándose así del encierro.
A media mañana ataviadas con trajes de seda, leves en el andar, casi etéreas van subiendo a los coches que las llevarán a pasear por espacios arbolados.
El trote acompasado de los caballos balancea los vehículos y los cascos resuenan en la soledad de las calles.
Amén
El domingo soleado acaricia una ciudad que descansa. Los coches se detienen al llegar a la esquina, un caballo se encabrita, entonces el cochero se baja para acomodar el correaje del animal nervioso.
Una fila de muchachas uniformadas espera para cruzar. Las monjas, perturbadas, agachan la cabeza y aprietan el rosario.
Las pupilas observan el singular cortejo, desde los vehículos las prostitutas ven a las jóvenes que han detenido la marcha.
Por algunos minutos, las miradas se encuentran y se reconocen. Sin gestos, ni palabras se entienden, cada una hace suya la sumisión de la otra. Acostumbradas a la desesperanza acallan las broncas inútiles.
Los carruajes comienzan a moverse. Los caballos sacuden las cabezas en una silente despedida, mientras las pupilas atraviesan la calle.
En el cielo las nubes se apelmazan, bellas en la diversidad de sus formas y matices, pero sin libertad porque el viento las desarma empujándolas hacia destinos diferentes.
viernes, julio 17, 2009
Con los ojos cerrados, Integrante: María Cristina Mastrolonardo, Martes: 14.30 a 16.30 hs.

Aún no despierto del todo, en medio de la noche, aparecen imágenes de un sueño recurrente. Estoy en medio de un gran patio, rodeado de plantas, baldes con ropa, escobas y participo de una reunión familiar, junto a los que ya no están, en sus mejores épocas de juventud. Ahora, el ruido de la calle, el tictac del reloj, el murmullo del ventilador, me desorientan.
Quiero atrapar esa escena, cierro los ojos y procuro dormirme para rescatarla, pero se aleja veloz a medida que trato de recordar. Tendré que aguardar otra noche para alcanzarla.
La enfermera, trae un nuevo día junto con el control de mis funciones antes de que amanezca y concluya su turno de trabajo. La sonrisa amable, los modales suaves son un aliciente para enfrentar lo que resta por vivir. Tal vez, una madrugada llegue hasta mi cama, acerque su rostro al mío, me hable como siempre y yo, sonriéndole también, apoye mis manos sobre sus pechos abundosos. Y aunque reciba su voz contrariada en el reto, me iré de este mundo con ese consuelo.
Textos breves, Integrante: Héctor Guetufian. , Curso: Lunes 17.30 a 19.30 hs.
SaharaEl escorpión se refugia en la roca, el desierto es privilegio del sol, la caravana pasa muy cerca, las patas de los dromedarios parecen remolinos, las pirámides emergen y rompen el cielo, la esfinge descansa, un dromedario se sienta y parece una esfinge, el escorpión sale de la roca y camina entre las huellas de la caravana, un guía bebe agua como si fuese la primera vez, cabeza de hombre cuerpo de león contempla las pirámides, un turista fotografía a la caravana, un avión se pierde en el horizonte de arena, el viento borra las huellas de la caravana, los turistas caminan con dificultad, el escorpión parece una roca.
Escorpión
Viste poner piedra sobre piedra para construir las pirámides, caballero negro que recorres el desierto blanco, tus periplos son temidos por hombres y bestias, la esfinge te mira con recelo, tus delicados pies se hunden en la arena y avanzan constantes, no mutan.
Historia del hallazgo, rescate y salvataje de una monedita de diez centavos, Integrante: Alejandro Daniel Torres, Curso:Martes 14.30 a 16.30 hs

Y esta es la historia de una monedita de diez centavos, la cual pobrecita de no haber sido por mis ágiles ojos y mi vista de lince, que la descubrí transitando la Av. San Juan, el día viernes 22 del corriente, en una de las típicas salidas que realizo con mi perrito “El Pety” (le puse este nombre porque a pesar de ser de la calle, no es muy grande).Bueno, estos son detalles mínimos que no hacen a la cuestión.
Volviendo al principio de esta historia, descubrí esta monedita de diez centavos gracias al brillo del sol que realizó una especie de destello ¿qué era eso que estaba brillando?
Acto seguido, detengo mi marcha, inclino mi cintura y me llevo la sorpresa de que era una pequeña monedita de diez centavos, un poco machucada por todas las veces que le habrán pasado por encima, tantos autos, colectivos, motos, camiones de basura, transportes escolares, hasta que pasé y la rescaté de convertirse en chatarra.
Y así como Bart Simpson tiene su gorra de la suerte, yo a la monedita que me encontré, la voy a considerar como mi moneda de la suerte.
Obsesión, Integrante: Adriana Páez Montero, Curso: Lunes 17.30 a 19.30 hs.

Acordate de regarla todos los días un poquito. No la pongas al lado de la ventana, por los golpes de aire, ni cerca del televisor, por las ondas. No fumes en el living, sacala al balcón a la hora del sol. No le pongas abono, de eso me ocupo yo. Vuelvo en una semana.
Todas las recomendaciones de ella al irse unos días fuera de la ciudad, le molestaron. ¿Qué era tanta preocupación por la plantita? Desde que la trajo al departamento, poco después de haberse ido a vivir juntos, le dedicó tiempo, trabajo y esfuerzos. Tanto, que él se sintió dejado de lado. Y ahora, al irse, parecía que era lo único que le interesaba.
En cuanto oyó que el ascensor se cerraba abrió las ventanas, encendió un cigarrillo, puso en funcionamiento el televisor y decidió no ocuparse para nada de la plantita. Pero no pudo, al día siguiente notó algo raro. Las ramas habían crecido y, no sabía bien por qué, tenían un aspecto amenazador. Se sentó en el sillón de enfrente y comenzó a observarla. Vio como los tallos y las hojas se extendían e iban invadiendo poco a poco el piso del living, se acercaban a él y comenzaban a trepar, primero por una pierna, luego por el cuerpo hasta llegar a los brazos y los aprisionaban, se enroscaban en su pecho y subían hasta la garganta. Todos sus movimientos, inútiles. Trató, con todas sus fuerzas de deshacerse de ese abrazo vegetal. Tironeaba, pateaba, intentaba desprenderse, salir corriendo hacia el dormitorio, cerrar la puerta y ponerse a salvo de esa fuerza verde que lo inmovilizaba. Se sintió acorralado y un miedo sordo le nubló los ojos.
Un grito ahogado, interrumpido por las hojas que le impedían respirar. No puede seguir luchando, las fuerzas lo abandonan, se entrega, piensa que se le va la vida.
Cuando la mujer llega y abre la puerta del departamento encuentra al hombre acurrucado y temblando en un rincón. La expresión de terror y la mirada extraviada, se dirigen hacia la maceta. Y la plantita está allí, un poco marchita por la falta de riego pero igual que cuando ella se fue.
La hoja distinta, Integrante: Hada Lekini, Curso: Martes de 14.30 a 16.30 hs
La puse junto a sus compañeras y me marché pensando no sé en qué cosas.
Sin título, Alejandro Crimi, Curso: Lunes 17.30 a 19.30 hs

Le pedí a mamá que lo trajera al aeropuerto. En la puerta seis, le dije. La luz blanca del hall empardaba todo, se metía en los rostros anónimos, en los murmullos abiertos, en las pequeñas búsquedas de perfiles conocidos.
Estaba inquieto, compré el diario sin querer. Leí los títulos y lo tiré, un amasijo de papel y tinta. Como los recuerdos, aplastados, amontonados contra la primera página del documento, contra las primeras canas que empezaban a clarear.
Miré el reloj, como si pudiera hacer fuerza para que los minutos pasen. Para que dejen arbitrariamente de estirarse. Y entonces los ví entrar. Mamá lo traía colgando de la mano. Se detuvieron en un puesto, ella sacó un billete arrugado y le compró un globo rojo. El sonrió un poco y dejó la sonrisa pegada, embadurnada de caramelo.
Ella tenía puesto el vestido azul. El de las tardes de domingo y sol en Plaza Francia. La boca flexible empezaba a alargarse en una sonrisa cortada por el llanto, apenas me vió. Papá estaba hundido hacia fuera. Esa fue la impresión. Supe que era él. Reconocí el perfil, el halo autoritario de su figura. El resto era la enfermedad desnuda metida en su cuerpo, en su mano arrugada sosteniendo el globo.
La miré a Mamá, ví mi figura reflejada en sus ojos. La abracé y con ella a la colonia de siempre. La de los besos mansos en las tardes de abril. Lloramos juntos ella y yo. Papá no me reconoció. Sonrió y jugó ausente con el globo. Ella me volvió a abrazar.Cada vez está peor dijo sobre mi oído. Lo malo (extendió los brazos para decirlo), es que no lo mata, sólo lo aleja cada vez más. Se puso triste en silencio y guardó todo en el bollo del pañuelo. En la saliva amarga que descendió hasta el estómago.
Él se alejó hasta el ventanal, dio largos y ruidosos pasos imitando el motor de un avión. Me acerqué a su lado y le hablé, le extendí la mano y caminamos juntos. La sonrisa plegada, blanda, vieja entre la baba del caramelo. Papá le dije y no reaccionó. Le toqué el hombro y volvió a desnudar la boca.
Nos enfrentamos de golpe, nos asombramos, Papá y yo, cruzamos la vista a través del globo rojo. Me detuve en su mirada, la misma que tenía cuando me fui. Te quiero hijo, dijo o creí que su boca se armaba para decírmelo. Y enseguida el globo se le escapó de las manos y volvió a tener la vista sucia, parda.
Al final, anunciaron mi vuelo, los abracé, los dejé ir. Mamá forzó la mueca conteniendo el llanto. Metió toda la tristeza en el borde de los ojos. Él rió y gritó ausente, dio algunos saltos y se reunió con ella, que le acarició el pelo como lo hacía conmigo. Estuve a punto de embarcar. Pero volví corriendo al pasillo. Me detuve en el puesto y compré cuatro o cinco globos de todos los colores. Quizá papá pudiera decirme algo que nunca me dijo.
martes, abril 14, 2009
Taller 2009 - Palabras de bienvenida
Esperamos que, como todos los años, nuestro taller "La piedra en el estanque" sea un espacio de creatividad y de encuentro con la palabra. Y para terminar, nos vemos tentados a dejar esta deliciosa definición de microficciones, a cargo de Ana María Shua : "Las minificciones son criaturas pequeñas y feroces, como las pirañas. Y todavía más, porque no necesitan actuar en cardumen. Son narrativas, tienen menos de veinticinco líneas y muerden. Son trocitos de caos transformados en pequeños universos. Si se ha conseguido atraparlas, es que no son buenas. Una buena minificción resulta tan inasible y resbaladiza como cualquier pez, como cualquier buen texto literario. "
Links para seguir leyendo:
Microficciones de Ana María Shua
Microficciones, relatillos de andar por casa
Microficción y pacto de lectura
Monográfico relato hiperbreve
JOSE MARIA MERINO Y LAS FICCIONES DE PEQUEÑO FORMATO
Criaturas pequeñas y feroces como las pirañas
Blogs literarios de cuentos breves:
Quimicamente impuro
Breves no tan breves
viernes, diciembre 12, 2008
La pavada, Integrante: Bárbara Benitez, curso: Lunes de 17.30 a 19.30 hs

Bárbara Bañato se embarullaba con divagues y `pensaba en el trabajo de batallarle al vacío. Se castigaba por su vasallaje a los varones vampiros que la succionaban. Mientras ella se daba con valor; ellos escapaban y destrozaban su vanidad.
Por cábala visitaba el Bar-O-Bar y por boba ignoraba al de la barra que la alababa y le suplicaba que se abandonara a sus avances; los que ella rechazaba por pavadas.
Sin embargo, Bárbara reparaba que cuando él se le avalanzaba la miraba con devaneo y ya soñaba con la baraúnda salvaje que él guardaba para ella. Aceptaba que su bravata verbal la dejaba cautiva de sus desvaríos.
Bartolomé Ibarra la colmaba de abanicos balbuceantes que iban desvaneciendo abarrotadas negativas:
- Bajemos las barreras del balurdo y rebajemos a las trabas que nos batean. Vamos a
desbaratar la pavada de la cobardía y a valernos del cabal derrumbamiento de lo banal
para desbandarnos al alba en compulsiva cabalgata que barra las covachas de la
avaricia afectiva.
Y mientras así le hablaba, Bárbara se babeaba.
Escenario, Integrante: María del Carmen Cerezal, Curso: Martes de 17.30 a 19.30 hs
La humedad se palpa como una cortina pegajosa.Hay ecos de ecos.
Miríadas de hilitos de agua que se deslizan por las paredes, las hacen brillar como la urdimbre preciosa de una tela principesca. Profundos arcos se repiten en un juego de espejos sin fin, que se sospecha coronan en una bóveda inhallable.
Es una boca enorme que bosteza infinito.
Rumorea agua que corre entre guijarros tenues hacia la entrada.
El aire, denso y umbroso se acidula por momentos, según lo lleva o trae la mínima marea interior.
Modestas luces golpean en las agujas calcáreas que se atreven desde el techo a reencontrarse con sus hermanas elevadas desde el llano, urdiendo una trama interrumpida.
Hay un algo de órgano catedralicio en ese ámbito, de útero sagrado, de corazón batiente a pesar suyo, de buey vencido por su destino.
Con el adiós del día, parece replegarse sobre si, como un gigantesco parpado que se cierra.
De escrituras - Integrante: Beatríz López Siritto - Curso: Martes de 17.30 a 19.30 hs

Espera ese momento de poder volcar todas las cosas que tiene adentro y desespera por poder transmitir todo lo que lo lleve a relacionarse con los demás.
El escritor a veces se siente solo y cuando alguien lee sus cosas se toma de las manos con sus semejantes formando una ronda redonda.
De ciudades invisibles, Integrante: Ruth Moguilner, Martes de 17.30 a 19.30 hs

Una semana aparecían los alemanes, otra los japoneses, un día las amas de casa, otro los médicos cirujanos.
Finalmente llegaron los que estaban vestidos con armaduras de metales rarísimos. Uno de ellos dió un salto enorme, como de catapulta. Desde dentro de su traje emergieron patas gigantes de insecto que se apropiaron de la red, y, perforándola en parte, colocaron por la mañana racimos de huevos.
Se produjo un silencio interminable, y luego un murmullo que crecía, a medida que las larvas maduraban.
Bordes, Integrante: Silvia Noemí Fabiani

límite entre la dicha y el infierno.
Laguna celeste, la diáfana mirada
que recorre mis campos,
los invade, perfora hasta los huesos
en alocado intento.
Los bordes de tu cuerpo,
ramificación del mío,
abismo alucinado,
que somete a mi alma,
absorbiendo mí sangre.
Los bordes de la puerta imaginaria
esa que nos conduce seductora
hacia un mundo espléndido,
sin sombras.
Volar como pájaros amantes
entre riscos y orillas,
desafiando al destino.
Disfrutar de los bordes de la vida,
sin registrar el tiempo,
dejar al corazón en libertad,
que fluya su mágico elixir .
La cucharita, integrante: Alicia Zarza - Curso: Martes de 14.30 a 16.30 hs

Estar frente a vos me pone nerviosa, pero más nerviosa me pone ver como golpeas la taza con la cucharita.
Esta cucharita que suena como una melodía para mis oídos. También hermoso es ver tus dedos mover esa cucharita, dedos tan finos y blancos, uñas tan cortas y limpias.
Ahora mis ojos se posan como mariposa en tu boca de labios rojos y carnosos, entre dientes la cucharita que mueves como esperando que yo hable. Pero mis palabras se fugaron y mis ojos siguen mirando la cucharita de acero que desearía ser para estar en tus tibias manos.
Breves cuentos cenicientos - Integrante: Gladis Argañaráz - Curso: martes de 14.30 a 16.30 hs.

El zapallo quedó perplejo al terminar el hechizo que lo había transformado en carroza de Cenicienta. No se resignaba a volver a ese oscuro rincón en el huerto. Comenzó una ardua búsqueda de ayuda. Pensó en el Hada Madrina, a ver si ella podía hacer algo, pero no la encontró por ninguna parte. La casa estaba vacía sólo tropezó con una chiquilla desgreñada y con dos lauchas flacas que cuando lo vieron huyeron despavoridas.
La tristeza y el desconsuelo eran tan pero tan grandes que decidió acabar con su vida. Y ahí nomás sin titubear se arrojó al caldero de la sopa que estaba sobre el fogón.
II Las lauchas
Si el zapallo, antes de sucumbir a su depresión, hubiera pensado, que no era el único abatido por la desesperación, se hubiera enterado de muchas cosas.
Como les sucedió a otros integrantes del hechizo, los dos bellísimos corceles volvieron a ser lo que habían sido siempre: lauchas, ratoncitos. Y estaban conversando cuando, sorprendidas aún, vieron pasar, pálido, desencajado, al zapallo, que andaba preguntando por el Hada Madrina.
Che, Lau, ese no es…dijo Chita, en un susurro.
Si, sisi, es “la carroza”, le contestó Lau, en el mismo tono.
Y hay cosas que no duran mucho, ¿no?¿Te fijaste que dijo de nosotras? “dos lauchas flacas”, como si él fuera gran cosa.
No fue el quien lo dijo, fue el relator omnisciente.
¿Y tenés pensado que vamos a hacer nosotras? Seguro que Cenicienta se va con el príncipe, y quién nos va a dar de comer? Quedaremos a expensas del gato, seguro.
Bueno, si nos quedamos, dijo Lau, seremos comida para gato, por lo tanto, ¡a preparar las valijas!
Y como se lo habían propuesto, Chita y Laurito comenzaron a buscar trabajo, les costó un poco, pero un día leyeron un aviso que decía: “ Se necesita ratoncito con buena disposición y muy paciente para importante tarea con niños” . Y allá fueron.
Al principio sólo trabajó Chita, porque había poco trabajo, pero al poco tiempo ya había trabajo para los dos y lo hicieron tan pero tan bien que se independizaron. Hoy día es una gran Empresa Mundial donde trabajan todos sus descendientes y parientes, eso sí, tuvieron que cambiarse el nombre. Y por razones de la Economía y la Globalización, se denominan: Ratón Pérez y CIA.
Lugares comunes, Integrante: Adriana Páez Montero - Curso: Lunes de 17.30 a 19.30 hs

cuando la llevó el diablo
donde perdió el poncho.
La cuerda quiso cortar
por lo más sano al verse atada
de pies y manos
se consoló con
de poetas y locos
todos tenemos un poco.
Como la mentira tiene patas cortas
el que se quemó con leche
cuando ve una vaca llora
porque a buen entendedor
pocas palabras y más claro
échale agua.
El peor sordo es el perro
Del hortelano que mostró
La hilacha
Porque son las reglas del juego
Y a palabras necias oídos sordos
Cuando amanece más temprano
La pereza es la madre
De todos los vicios
Ya que de tal palo tal astilla
Y el saber no ocupa lugar
Porque el que ríe último
Es el hombre prevenido
Que vale por cuatro
Que ven más que dos
Mientras tanto
Los amores contrariados
La fuerza del destino
Las mieles del éxito
Las penas del purgatorio
La inocencia de los niños
La paz de los sepulcros
La palabra empeñada
El tren de la vida
El fragor de la batalla
El deber cumplido
La sangre en el ojo
La aguja en el pajar
La espina de la duda
Y sobre llovido mojado
Se fueron con la música
A otra parte
Para dar en la tecla
En el concierto de las naciones
Pues sarna con gusto no pica.
El as en la manga
Se fue al mazo
Y los peces de colores
El ruido y las nueces
El oro y el moro
La chancha y los veinte
El círculo vicioso
Las ilusiones perdidas
Y la sal de la vida que endulza
Las nieves del tiempo
Tiraron la casa por la ventana
Que fue a dar al barril sin fondo
De los lugares comunes.
Adriana Páez Montero
miércoles, octubre 08, 2008
Integrante: Norma Laniecki. Curso: Lunes de 14.30 a 16.30

Dice Alicia Santillán: Parece que hubo un
tiempo en que los objetos tenían el don de
la palabra.No está muy claro en qué mo-
mento se silenciaron y fueron dejándose
tomar y usar por los sujetos.
Disiento con usted,Alicia. Aunque sea en alguno de los objetos que la rodean debe haber un valor “agregado”. . No dudo que todos nos ayudan en la vida diaria. Los mani pulamos de acuerdo al momento y nadie pone objeciones al uso egoísta, servil e indiscriminado que hacemos de ellos. Hasta ahí, puedo estar de acuerdo.
Pero no admito que se silenciaron.
La palabra es el medio natural y precioso para comunicarse. No el único ni el primero.
Sino cómo entiendo a mi bebé antes que el ma o pa salga de su boca. ¿Por qué los ojos de mi perro, su guau y sus corridas me llevan a la calle? Este saco es el más abrigado que tengo.Era de mi madre.me protege y me acaricia. Hay fotos que nos cuentan tantas cosas.
Lo dicen los psicólogos y algunos escritores.
Hace ya mucho tiempo decidí decorar mi alrededor con objetos queridos y unidos a mis recuerdos. Me hacen compañía, restauran baches de mi memoria, alivian nostalgias,, despiertan sonrisas , justifican algún error y hasta me ayudan a vivir el hoy
para recibir mejor el mañana.
Como si fuera un sueño, puedo hablar de mis cosas desde que llegaron a mí. Unas pocas están ahí porque me gustan. Nada más que por eso. Algunas muy erguidas,otras
yacentes o sedentes suelen encantar mis ratos con su lenguaje peculiar. Fueron testigo
de tantas alegrías, de tanta tristeza. Llevan en sus cuerpos escondidas mis rutinas. A veces las cambio de lugar y lustro las que se opacan con el limpiametales que las renueva. Nos damos brillo y amor.
Cuento anécdotas de esta relación.
Un día se me murió Don Quijote.
A pesar de que en la literatura Don Quijote es inmortal a mí se me cayó varias veces la estatuita de madera que, al lado de Sancho, mostraba su silueta desgarbada .Resultado :
pegotes, remiendos. piernas quebradas, muerte. Recuerdo nuestro último diálogo::
---¡Por favor,tengan más cuidado! Si no fuera de madera,estaría lleno de moretones.
===Perdoname, mi héroe. Tratá de apoyarte en la pierna sana hasta que la gotita se seque
--- Siento que estoy perdiendo mis fuerzas. Apenas puedo mantenerme erguido. Ni pensar en luchar por la justicia. Ahora me doy cuenta que en este lugar me siento feliz,
importante, querido. Pero algo me dice que nos vamos a separar pronto. Te dejo con
Sancho. Es fiel y bien intencionado. Y su físico es mucho más fuerte que el mío. Ustedes dos se van a entender.
Se derrumbó con un leve crac. La pareja quedó incompleta. A Sancho lo arrimé un poquito. Está solo y muy serio. Igual que yo, extraña al Quijote.
Hace poco un restaurador miró mi cuadro con técnica de mancha, de varios colores,y, para mí, sin figuras determinadas, y me dijo que el veía una multitud. Me indicó donde había una caras y hacia qué lado orientadas. Hasta ese momento yo repasaba al contem-
plarlo la vida y la muerte de la que fué su dueña y la historia de quién lo pintó Las conocí
a las dos.Desde ese día, unas sonrisas me acompañan frente al televisor.
Ayer mi florero preferido estaba triste, como yo. Le puse agua fresca, le compré un
abigarrado ramo de margaritas y cambiamos de humor.
No te cuento los jugosos diálogos que tengo todos los días con la cucharita con la que hago mi café.
---No me quemes.
***Bueno, enseguida se enfría.
---Está muy dulce.
***A mí me gusta así.
---O nos ponemos de acuerdo o por favor usá otra cuchara.
***Aguantame , hoy tengo muchos problemas por delante.
--- Yo también. No es poco meterme en tu café, dar vueltas y vueltas, ir a tu boca y luego
al encierro de siempre.
***Mirá..Nuestras rutinas se parecen bastante: yo tomo mi café, lucho por mejorar muchas cosas, y por más que hablo vuelvo a mi casa con el desencanto de lo que no pude
cambiar. ¿Seguimos amigas?
--- Por supuesto. Chau. Suerte.
*** Hasta luego.
Entre tantos queridos interlocutores los muebles por su tamaño, su usual quietud y su capacidad de guardar otros objetos y no pocos secretos, tienen para mí una importancia
especial. Y de ellos, primera, la cama. Cito a Guy de Maupassant :”La cama es toda nuestra vida. En ella se nace, en ella se ama y en ella se muere.”
No voy a reproducir ninguno de los diálogos con mi cama. No nací en ella.y no sé si moriré en ella. Amé mucho y fuí feliz en ella. Es mi amiga, discreta y comprensi-
va. A veces , aún pretende altiva, darme sus consejos.
Estimada Alicia, espero haberla convencido de que los objetos no se han silenciado.
Integrante: Nito Bruzzese - Curso: Lunes de 17.30 a 19.30

El colectivo traqueteaba su recorrido por la avenida Independencia. Una mano sobre
el barral y la otra sujetando el portafolios que abrigaba lapiceras, una carpeta y algunos apuntes, entre ellos una consigna de taller de escritura al que asisto todos los lunes. La coordinadora nos había dado un pequeño fragmento de un
escrito, de un autor a quien no conocía. El tema giraba alrededor de un tipo que, al levantar la persiana de su casa, en un octavo piso, había encontrado que una vaca mordía una cuerda que la tenía suspendida en el vacío, frente a una ventana de su departamento. Usen este texto como disparador y escriban, nos vemos el próximo lunes. Pero qué inspiración podría alentarse con la lectura de ese grotesco. Una ridiculez inasociable con cualquier intento de narra cualquier cosa.
Una vaca colgada. Qué historia se me podría disparar imaginando lo absurdo de un animal pendiendo de una cuerda, y justo en la ventana del narrador, casi en su casa. En fín, así son las afectadas ideas de quienes tratamos de abordar el misterioso mundo de las artes. Qué le habrá hecho pensar a la coordinadora, de la que uno se da cuenta que conoce bien el tema, que una vaca colgada puede estimular la creación de una historia. Bajé del colectivo. Una mano sujetando el protafolios, la otra apoyada en la región lumbar, que daba la sensación de haberse desacomodado en los baches de la avenida Independencia. Caminé las dos cuadras que separan la parada de la puerta de mi casa, tratando de encontrar alguna fantasía que se ajustara a la consigna. Entré. Vivo con la eterna depresión de Claudia, mi mujer, en una vieja casa con tres habitaciones, que respiran aventanadas a un patio, donde una enredadera se perpetúa prendida a unos caños que la sostienen en lo alto. Ya era noche. Me sorprendió oír un chillido de roce metálico, como de bisagras sin aceitar. Levanté la mirada y vi que, un alambre sujeto a uno de los caños, se bamboleaba provocando ese chillido que me había sorprendido. Siguiendo la línea descendiente del alambre, bajé la vista y por un segundo recordé la consigna del taller. No era ridícula, ni gorda como había imaginado a la vaca, pero ahí estaba la sinrazón del escrito y el grotesco de su decisión. La figura de Claudia, mi querida Claudia, se hamacaba del otro extremo del alambre.
Integrante: Marta Viñas. Curso: Martes 17.30 a 19.30 hs

Ultimamente andás bordeando el desastre, mangás a uno a otro, a otro para devolverle a uno. zigzagueás como un jugador de rugby en las ofertas de los super, super a los que en tu vida pensaste entrar, porque no siempre fue así ¿me entendés no?Sacás boelto de noventa, no importa a donde vayas, diez centavitos de aquí, diez de lla´¡qué bárbaro!, pero todo suma. Bordeas los setenta y te acordás del tango "dónde hay un mango viejo Gómez", no tenés laburo ni podés conseguirlo, te sentís impotente. Tenés sesenta y pico pero te sentís de cuarenta y cinco, a quién le importa ¿me entendés no?Las cabriolas que te mandás para pagar con tu magra jubileta lo mínimo;impensado. Por suerte la espinaca hoy está dos pesos, dos plantas, Popeye se sentiría realizado, aunque seguramente no sabría cuántas formas hay para comerla, el sólo la tragaba ¿me entendés no?Igual seguimos leyendo diarios que aparecen gratis, hacemos cursos en los que no se pagan y que nos llenan el espíritu, nos obligamos a estar erectos y saludables, caminamos a veces no con muchas ganas, veinte cuadras y convertimos la calle en la mejor cinta caminadora de algún gimnasio que evidentemente no podemos pagar ¿me entendés no?A pesar de todo siempre esperamos que los bordes se alisen y damos batalla y pensamos y agradecemos que estamos vivos y mientras hay vida hay esperanzas ¿me entendés no?