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lunes, diciembre 12, 2011

Parecido, Nelia Curone


Es  viejita, muy viejita. Me recuerda a mi abuela paterna, una italiana que vino a la Argentina cuando tenía 15 años para casarse con su novio piamontés como ella, que la había precedido. El la convirtió en su esposa al poco tiempo de su llegada. Muy pronto nació el primer hijo y luego muchos más, conformaron una familia grande, que le demandó mucho esfuerzo para lograr el bienestar de cada uno.
Me llama la atención que une a su aspecto de anciana su capacidad de adaptación a la modernidad. Me dio mucho gusto verla hablando por su celular, su cara se muestra fel´z y se me ocurre que está recibiendo una buena noticia; por lo menos a ella debió producirle agrado, dad la paz reflejada en su rostro y la dulzura de su mirada. Es que esta señora debe haber pasado de ser abuela. Por su aspecto es una bisabuela, y quien debía de llamarla sería su bisnieto, que le pedía que fuera a jugar con él tal como lo hizo ayer mi bisnieto Santiago, que me llamó y me dijo:
Noni ¿por qué no venís a jugar conmigo? Federico es tan chiquito que no me entiende y yo me aburro, vení por favor.


domingo, octubre 10, 2010

Vendo zapatos de bebé, sin usar, Nelia Curone, martes de 14 a 16 hs

“Vendo zapatos de Bebé, sin usar”
Ernest, Hemingway


Este epígrafe me lleva a pensar en el valor de las cosas pequeñas, insignificantes. En este caso me referiré al cambio de significado por la presencia de la coma. Para entender mejor procederé a sacarla y entonces escribiré Vendo zapatos de Bebé sin usar, donde lo que parece fuera de uso es el Bebé. Pobrecito.

Este ejemplo de anfibología lleva a mi imaginación a pensar que el niño es una especie de objeto de descarte como lo serían sus zapatos a los que creemos todavía nuevos quizás porque tendría otros y le quedaron chicos sin haber dado un solo paso con ellos.

Esto me remonta a mis tiempos de docente en actividad, cuando les enseñaba a mis
alumnos un gracioso trabajo de Don Pedro Calderón de la Barca en el que cuenta que
un vidriero enamorado oriundo de Tremecén (Africa) ante el deseo de su amada de poseer una mona envió a pedir tres o cuatro a su amigo de Tetuán. El exceso respondía a su intención de halagar a su dama al brindarle la posibilidad de elegir su mona entre varias. Pero cometió un error y escribió 304, es decir que omitió el acento sobre la O, que la hubiera diferenciado del cero.

Imaginemos al Tetuanense corriendo como loco para conseguir semejante cantidad de
monas. Pero mucho peor debió haberlo pasado el enamorado que ante la llegada de
los graciosos e inquietos animalitos tuvo que ver como se destruía su negocio de frágiles
vidrios.

En realidad, muy irónico nuestro Don Pedro.