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jueves, abril 22, 2010

Adriana Paéz Montero, El garbanzo peligroso, Curso: Miércoles de 17.30 a 19.30 hs.

Doña Sinfonía estaba separando garbanzos y cayó uno bajo la mesa. Hizo KEC y despertó a la pulga que vivía sobre el gato. La pulga enojada gritó SIC y pico al gato que maullando MIAU salió corriendo y atropelló al loro. El loro saltó por el aire gritando POBRE PEDRITO POBRE PEDRITO y fue a dar sobre la tortuga junto a la mecedora de la abuela. La tortuga hizo CHUC y dio un salto que asustó a la abuela que clamó VALGAME DIOS; y empezó a mover la mecedora que pisó la cola del perro que dormitaba. GUAU ladró el perro y pegó un brinco que hizo caer un florero que estaba en una mesita. El florero hizo CRACH estrellándose en el suelo después que una lluvia de flores mojó al garbanzo, a la pulga, al gato, al loro, a la tortuga, a la abuela y al perro.
¿Qué pasa aquí? - preguntó Doña Sinfonía que se levantó taconeando TOC, TOC, TOC - ¿Qué son esos ruidos?
KEC dijo el garbanzo; SIC, la pulga; MIAU, el gato; POBRE PEDRITO, POBRE PEDRITO, el loro; CHUC, la tortuga; VALGAME DIOS, la abuela; GUAU, el perro; CRASH, el florero y TOC TOC TOC Doña Sinfonía que fue a separar garbanzos y uno cayó bajo la mesa.

lunes, agosto 24, 2009

Canto - Integrante: Adriana Paez Montero - , Curso: Lunes de 17.30 a 19.30 hs.


Canto
con toda la voz que tengo
a pleno pulmón
con do de pecho
como un susurro

Canto
con entonación
con ilusión
con sentimiento
con amor

Canto
a todo vapor
a flor de piel
desde el alma
por no llorar

Canto
gregoriano
canto militar
canto patriótico
canto rodado

Canto
de gallo
de madrugada
de media noche
de media luna

Canto
de pájaros y de grillos
de ángeles
de sirenas
canto de moneda

Canto
desentonado
desesperado
por que sí
porque se me canta

viernes, julio 17, 2009

Obsesión, Integrante: Adriana Páez Montero, Curso: Lunes 17.30 a 19.30 hs.


Acordate de regarla todos los días un poquito. No la pongas al lado de la ventana, por los golpes de aire, ni cerca del televisor, por las ondas. No fumes en el living, sacala al balcón a la hora del sol. No le pongas abono, de eso me ocupo yo. Vuelvo en una semana.
Todas las recomendaciones de ella al irse unos días fuera de la ciudad, le molestaron. ¿Qué era tanta preocupación por la plantita? Desde que la trajo al departamento, poco después de haberse ido a vivir juntos, le dedicó tiempo, trabajo y esfuerzos. Tanto, que él se sintió dejado de lado. Y ahora, al irse, parecía que era lo único que le interesaba.
En cuanto oyó que el ascensor se cerraba abrió las ventanas, encendió un cigarrillo, puso en funcionamiento el televisor y decidió no ocuparse para nada de la plantita. Pero no pudo, al día siguiente notó algo raro. Las ramas habían crecido y, no sabía bien por qué, tenían un aspecto amenazador. Se sentó en el sillón de enfrente y comenzó a observarla. Vio como los tallos y las hojas se extendían e iban invadiendo poco a poco el piso del living, se acercaban a él y comenzaban a trepar, primero por una pierna, luego por el cuerpo hasta llegar a los brazos y los aprisionaban, se enroscaban en su pecho y subían hasta la garganta. Todos sus movimientos, inútiles. Trató, con todas sus fuerzas de deshacerse de ese abrazo vegetal. Tironeaba, pateaba, intentaba desprenderse, salir corriendo hacia el dormitorio, cerrar la puerta y ponerse a salvo de esa fuerza verde que lo inmovilizaba. Se sintió acorralado y un miedo sordo le nubló los ojos.
Un grito ahogado, interrumpido por las hojas que le impedían respirar. No puede seguir luchando, las fuerzas lo abandonan, se entrega, piensa que se le va la vida.

Cuando la mujer llega y abre la puerta del departamento encuentra al hombre acurrucado y temblando en un rincón. La expresión de terror y la mirada extraviada, se dirigen hacia la maceta. Y la plantita está allí, un poco marchita por la falta de riego pero igual que cuando ella se fue.

viernes, diciembre 12, 2008

Lugares comunes, Integrante: Adriana Páez Montero - Curso: Lunes de 17.30 a 19.30 hs


Estoy loca de atar! - gritó la soga
cuando la llevó el diablo
donde perdió el poncho.
La cuerda quiso cortar
por lo más sano al verse atada
de pies y manos
se consoló con
de poetas y locos
todos tenemos un poco.
Como la mentira tiene patas cortas
el que se quemó con leche
cuando ve una vaca llora
porque a buen entendedor
pocas palabras y más claro
échale agua.
El peor sordo es el perro
Del hortelano que mostró
La hilacha
Porque son las reglas del juego
Y a palabras necias oídos sordos
Cuando amanece más temprano
La pereza es la madre
De todos los vicios
Ya que de tal palo tal astilla
Y el saber no ocupa lugar
Porque el que ríe último
Es el hombre prevenido
Que vale por cuatro
Que ven más que dos
Mientras tanto
Los amores contrariados
La fuerza del destino
Las mieles del éxito
Las penas del purgatorio
La inocencia de los niños
La paz de los sepulcros
La palabra empeñada
El tren de la vida
El fragor de la batalla
El deber cumplido
La sangre en el ojo
La aguja en el pajar
La espina de la duda
Y sobre llovido mojado
Se fueron con la música
A otra parte
Para dar en la tecla
En el concierto de las naciones

Pues sarna con gusto no pica.
El as en la manga
Se fue al mazo
Y los peces de colores
El ruido y las nueces
El oro y el moro
La chancha y los veinte
El círculo vicioso
Las ilusiones perdidas
Y la sal de la vida que endulza
Las nieves del tiempo
Tiraron la casa por la ventana
Que fue a dar al barril sin fondo
De los lugares comunes.

Adriana Páez Montero

domingo, septiembre 28, 2008

Integrante: Adriana Páez Montero - Curso: Lunes de 17.30 a 19.30 hs


Llueve sobre la ciudad silenciosa
los patios con baldosas blancas y negras
las canchas de golf
las villas miserias.

Llueve sobre los estadios de fútbol vacíos
los trentes repletos
los chicos que corren
los ancianos con bastón.

Llueve sobre el cirujano que corta al paciente
el peluquero que corta el pelo del cliente
el mozo que corta el café
la mujer fatal que corta el aliento.

Llueve sobre los aviones de guerra volando
los nidos entre las ramas
las cartas de amor no mandadas
las palabras de perdón no dichas.

Llueve sobre los hombres que hacen su trabajo
los banqueros que hacen dinero
las parejas que hacen el amor
los poetas que hacen canciones.

Llueve sobre las mujeres que hacen el almuerzo
las que bailan en televisión
las que se depilan las piernas
las que leen cuentos a sus niños pequeños.

Llueve sobre las ilusiones rotas
los sueños cumplidos
los comerciantes mezquinos
los corazones que cantan.

jueves, noviembre 08, 2007

Leer de noche, Adriana Páez Montero, Curso: Martes 14.30 a 16.30 hs-

El hombre estaba tan concentrado en la lectura que no advertía nada de lo que pasaba a su alrededor. Había tomado el libro, que durante semanas dormía en su mesa de luz, y esa noche al acostarse comenzó la lectura. La trama de la novela pintaba, con profusión de detalles localistas, la vida pobre de una familia entrerriana que vivía en una casucha en las márgenes del río Paraná. El hombre seguía con atención la narración y no miraba nada: ni a su mujer dormida a su lado en la cama, ni el televisor andando, ni la ventana abierta sobre la avenida por donde llegaban los ruidos de la calle. El hombre admiraba la habilidad del novelista al describir las características de esa pesada tarde de primavera: las nubes plomizas que cubrían el cielo, la algarabía de los pájaros que volvían a los nidos, el aire quieto que envolvía a las personas y a las cosas y esa serenidad tan intensa que intranquilizaba a los animales. El hombre no oyó las dos campanadas que dio la torre de la iglesia cercana y continuó la lectura. En el texto la lluvia comenzó mansamente y luego de tres páginas el autor seguía narrando las alternativas de una tormenta que se perfilaba como temporal. Y las consecuencias previsibles: el campo anegado, el río desbordado, los caminos que desaparecían bajo el agua, y la lluvia constante cayendo y cayendo. El hombre pasaba las hojas con mano nerviosa y nada interrumpía su lectura. Por es no advirtió un hilito de agua que se colaba por la puerta que daba al baño. La narración se regodeaba en la pintura de esa lluvía que parecía que no tenía fin y en los sufrimientos de la gente, los animales, las plantas y la tierra de esa región que parecía abandonada de la mano de Dios. Cuando el reloj dio cinco campanadas el hombre sintió algo en el suelo de su dormitorio que lo hizo apartar los ojos del libro. Las pequeñas alfombras que estaban a ambos lados de la cama, las chinelas de él y de la mujer y una revista de ella caída, flotaban sobre una capa de agua en el piso. El hombre saltó hacia el baño, gritó a su mujer y tiró el libro que fue a navegar sobre el parquet. Cayó cerrado y se pudo ver el título: "La inundación".

lunes, julio 17, 2006

Integrante: Adriana Páez Montero, Texto: Cuando aprenda a leer, Curso : Jueves de 17 a 19 hs


Cuando aprenda a leer

Se trata de un señor alto. No, de dos señores, uno alto y flaco y el otro gordo y más bajo. No me acuerdo cómo se llamaban. El señor alto era un poco distraído, pero bueno y valiente. El otro también, pero no tanto. Porque el gordo siempre protestaba, se quedaba dormido y quería comer todo el tiempo. Lo acompañaba siempre, a veces lo cuidaba, le daba consejos y le curaba las heridas. Eran buenos amigos y compañeros y viajaban juntos. Iban a caballo a todas partes porque eso pasó hace mucho tiempo y no había aviones ni autos y ni siquiera teléfono, ni televisión, ni computadoras. Hablaban con la gente, querían ayudar a todos, pero a veces hacían líos como cuando el hombre alto se peleó con los molinos o cuando visitaban a su novia que tenía un nombre dulce o cuando iban a las islas, cuando encontraron un burro que se había perdido y muchas veces más.
Mi papá me dijo que cuando sepa leer me va a prestar el libro. Porque dice que esos dos señores están dentro de cada uno de nosotros y que nos hacen hacer cosas. A mí me parece que se meten cuando uno llega a grande. ¿O cuándo se es chico también?