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lunes, diciembre 12, 2011

Silvia Fabiani, in memoriam



La querida Silvia nos dejó este año sorpresivamente, buscando entre sus numerosos textos, encontré éste, un cuento fantástico, soñador, un tanto misterioso como era ella o como le gustaba ser. Creo que este cuento la representa y nos deja una imagen mágica de sus relatos. La recordaremos así,como una mujer imponente, siempre dispuesta a emprender la aventura de un viaje.

Compradora de sueños

Hacia cinco horas que el avión había salido del aeropuerto. Amanda miró a su compañero de asiento que dormitaba y lo envidió. Ella nunca podía dormir en los aviones.
El viaje lo decidió en una semana. Estaba harta de la rutina de su vida. Paris era el destino.
Cuando llegó al hotel, se dió un baño y se acostó, Realmente se sentía cansada. Al despertar el reloj marcaba las tres, En el  ascensor uno de los botones la saludo con cortesía. Joven y atractiva, trataba de disfrutar de la vida, viajar era su gran motivación. Había tenido un novio hacia tiempo pero cuando descubrió la infidelidad, lo abandonó.
Camino por las calles pobladas de tiendas. El aire parisino es reconfortante, pensó. Le encantaba comprar. Su esbelta silueta le permitía usar cualquier estilo.
El apetito le apretaba el estómago, entró en un local de sandchichs, comió frugalmente mientras decidía donde ir, el viento era fresco y el cielo nublado completaban una tarde otoñal.
El conserje le había dado algunos folletos con actividades culturales en la ciudad. Le llamó la atención un nuevo museo de cera con escritores y artistas de diversas ramas del arte.
La sedujo ese aire misterioso, con luces multicolores que realzaban las figuras allí expuestas. Deslumbrada, una idea alocada se apropió de su cabeza. En un descuido del guardia se escondió detrás de un alto mostrador de madera.
Ya lo había decidido, pasaría allí  la noche. Se apagaron las luces, pero no del todo, algunas tenues,  iluminaban los salones. Comenzó a recorrer esta vez con paso lento hasta que llegó donde estaba George Sand, la famosa escritora feminista que ella tanto admiraba.
La mirada profunda la conmovió, parece real, se dijo,
Mientras le quitaba con mucho cuidado una chalina y se la colocaba en su garganta. Un deseo irrefrenable de escribir, la invadió. Buscó en su cartera, siempre llevaba una libreta y apoyada en el escritorio comenzó a llenar la hoja en blanco. Como si una mano invisible guiara su estilográfica. Perdió el sentido del tiempo.Leyó con detenimiento e incrédula comprobó que era una parte del texto “Un invierno en Mallorca”. Allí faltaba Frederic, pensó.
Lo guardó en su bolso y atónita siguió caminando. En un costado, Edith Piaf la miraba, casi sonriente. El gorrión de Paris, dijo casi en voz alta.   Emocionada le acaricio el brazo y de pronto de su garganta comenzó a brotar una melodía,  La  vie en rose y después otra, Milord.
En un escenario de época  apoyada en una barra Marlene Dietrich,  la única que pudo hacerle sombra a Greta Garbo con  su mirada seductora y envuelta en una estola de visón, El ángel azul, la que se atrevió a rechazar propuestas de Hitler y muy amiga de la Piaf no podía faltar. Con delicadeza le quitó el  cuello de piel y se lo colocó. La voz áspera y envolvente salio de su garganta con los acordes de Enamorándome( ich bin von Kopf bis Fuss auf Liebe eingestellt )

Sobresaltada observó que las primeras luces de la mañana se filtraban por algunas ventanas. Sentada sobre una tarima, esperó hasta que oyó las voces de los visitantes, cuando pasaron a su lado, se mezcló entre la gente y se acerco a la puerta. Al salir repitió lo que siempre había pensado
Paris, ciudad mágica e inolvidable.

Silvia N Fabiani
Ilustración: Silvia Schmid














miércoles, julio 28, 2010

Silvia Fabiani, Textos invertidos, martes de 14 a 16 hs

LA BORRA DEL CAFÉ Texto original

El pequeño remolino absorbe la mirada fija, se detiene la
cuchara y el líquido travieso sigue girando mientras me introduzco por el frágil túnel de los recuerdos.
Océano celeste, agua pura, esa, por donde navegué sin fronteras, me perdí en inhóspitas selvas, naufragué tantas veces, hasta que la razón extendió su barrera de acero e impidió tu avasallante paso.
Tiempo sin tiempo, este que se adueña del alma sin permiso, nos cautiva en el espacio de los sentimientos.
Fragilidad humana que desciende hasta las zonas abismales, pero también se proyecta como un misil irrefrenable impulsado por el amor que lo sustenta.
Esos ojos, tus ojos que me miran desde el fondo oscuro de la borra de café, ahuyentan luminosos, a las sombras que a veces sobre mí se abalanzan, me salvan del abismo y en silencio me alientan.

LA BORRA DE CAFÉ – texto invertido

Océano celeste, agua pura, esa, por donde navegué sin fronteras,
me perdí en inhóspitas selvas, naufragué tantas veces, hasta que
la razón extendió su barrera de acero e impidió tu avasallante paso.
tiempo sin tiempo, este que se adueña del alma sin permiso,
nos cautiva en el espacio de los sentimientos.
Fragilidad humana que desciende hasta las zonas abismales,
pero también se proyecta como un misil irrefrenable impulsado
por el amor que lo sustenta.
Esos ojos, tus ojos que me miran desde el fondo oscuro
de la borra de café, ahuyentan luminosos, a las sombras
que a veces sobre mi se abalanzan, me salvan del abismo
y en silencio me alientan.
El pequeño remolino absorbe la mirada fija, se detiene la
cuchara y el líquido travieso sigue girando mientras
me introduzco por el frágil túnel de los recuerdos.

Otra versión: (Adriana)

Esos ojos, tus ojos que me miran desde el fondo oscuro
de la borra de café, ahuyentan luminosos, a las sombras
que a veces sobre mí se abalanzan, me salvan del abismo
y en silencio me alientan.
El pequeño remolino absorbe la mirada fija, se detiene la
cuchara y el líquido travieso sigue girando mientras
me introduzco por el frágil túnel de los recuerdos.
Océano celeste, agua pura, ésa, por donde navegué sin fronteras,
me perdí en inhóspitas selvas, naufragué tantas veces, hasta que
la razón extendió su barrera de acero e impidió tu avasallante paso.
Tiempo sin tiempo, este que se adueña del alma sin permiso,
nos cautiva en el espacio de los sentimientos.
Fragilidad humana que desciende hasta las zonas abismales,
pero también se proyecta como un misil irrefrenable impulsado
por el amor que lo sustenta.

miércoles, abril 28, 2010

La guillotina, Silvia Fabiani, Lunes 14 a 16 hs.


El verdugo acomodó el cuerpo del reo.
Las palabras sonaron en el aire, por favor sea breve. Siempre estiraba el momento
Se agachó para confirmar lo que había escuchado.
Si era cierto, sintió lástima por él y por primera vez se conmovió
Esta vez sería diferente
Se acomodó el chaleco, ajustó su cinturón y levantando la filosa hoja
la lanzó hacia abajo.
El estruendo de la cabeza al rodar sobre la tarima de madera, lo enfureció.
Por favor sea breve sonaría por siempre en sus oídos.

viernes, diciembre 12, 2008

Bordes, Integrante: Silvia Noemí Fabiani


Los bordes de tu rostro,
límite entre la dicha y el infierno.
Laguna celeste, la diáfana mirada
que recorre mis campos,
los invade, perfora hasta los huesos
en alocado intento.
Los bordes de tu cuerpo,
ramificación del mío,
abismo alucinado,
que somete a mi alma,
absorbiendo mí sangre.
Los bordes de la puerta imaginaria
esa que nos conduce seductora
hacia un mundo espléndido,
sin sombras.
Volar como pájaros amantes
entre riscos y orillas,
desafiando al destino.
Disfrutar de los bordes de la vida,
sin registrar el tiempo,
dejar al corazón en libertad,
que fluya su mágico elixir .

lunes, octubre 06, 2008

Integrante: Silvia Noemi Fabiani Curso: Lunes de 17.30 a 19.30


Cabriolas


Briggitte tomó la bruñida y brillante brida y cabalgó por los campos de cardos. Haciendo cabriolas por los caminos campestres, campeó las tormentas y peleó con los cabrales cretinos que canturreaban canciones cavernícolas.
Calumniada, castigó con su castiza castidad, a todos los callados caballeros que corrían detrás de su cantábrica figura.
Cándida pero cansada, caducó ante el cadavérico casquete que cubría el rostro casquivano del enemigo corroído.
Se subió a la carreta y corrió, como castor en los corrales, corcoveando cual corcho en el charco de chauchas color chocolate, perdiéndose entre los ranchos raídos de ese pueblo perdido.