domingo, agosto 19, 2012

Que te quería, Meche Martínez, Lunes de 14 a 16 hs.



No sé cuando fue que comencé a chatear con ella, tampoco tengo idea porque lo hice, no es el tipo de mujer que me atrae, pero cada una de las sesiones me llevaba algo personal, particular, íntimo. No sé si era su sensibilidad al escribir en su cuaderno, la ternura que me daba que no use computadora para tomar sus notas, el modo en que cruzaba las piernas, o como arreglaba su cabello detrás de su oreja izquierda, pero me encandilé, me enloquecí.
Y cuando me mandaron del banco a la capital, le rogué llorando no cortar el tratamiento y ella accedió.
Luego de mis sesiones por Chat, nos mandábamos mails que pasaron de ser, algunas aclaraciones más de lo conversado, a cartas personales. Aquí las tengo oficial, se las traje para ampliar mi declaración.
Fuimos armando un lazo más estrecho, hasta que hablamos de amor…

No sé qué ocurrió con ella, esa mañana por chat alcanzó a decirme que hablaría con Joaquín, y le pediría un tiempo. Lo quería, yo sabía que lo quería, me repitió hasta el cansancio que si él le decía que no se vaya, que le diera otra oportunidad no vendría conmigo a la capital. Contaba con el mutismo de su marido como una acción a mi favor.

Él encendió la computadora y vio todas nuestras cartas, estoy seguro, seguro. Joaquín era un laburante pero no le faltaba educación y eso de no hablar nada de nada la noche anterior, hasta a mí me llamó la atención. Cuando éramos amigo-paciente, me contaba que a diario tenían relaciones, algo debe haber sospechado, porque María me dijo que ya no había sexo entre ellos. Fue desde que me confesó su amor y luego de que yo declaré el mío, parece  que el contacto se terminó. ¡Claro que creí! Le creí! Cómo no iba a creerle! María no era una chica más, nunca lo fue en ese pueblo, anótelo ahí y que quede bien escrito, no era una más, por eso me enamoré perdidamente.
Joaquín debió leer las cartas, los chat, hasta debió ver las fotos que le mandé cuando fui orador en el Congreso de Australia. Me alentó tanto ella cuando era mi psicóloga a que vaya, sino fuera por María me hubiera perdido ese viaje.

En la cocina, es donde me atendía como paciente, ahí estaba tirada la mesa, patas para arriba, bah! Todo estaba revuelto, me asusté. Entré, vi el charco de sangre que reflejaba el sol que entraba por la ventana, ese sol siempre daba de lleno a la mesa, tenía tan presente ese sol cuando la extrañaba, porque pensaba en ese sol iluminándola, nunca quiso poner cortinas, nunca, quería sol pleno.
Cuando vi la sangre en el piso pensé lo peor, porque además había olor a quemado, quemado de humo, quemado de humano, trabajo cerca de Chacarita y ese olor se sentía como los miércoles cuando creman, así que mientras llamaba a la policía por mi celular comencé a buscarla con desesperación.
Desde la cocina vi a lo lejos, que frente al galpón salía humo, corrí y en mi corrida encontré manchas de sangre que traté de no pisar y a Platón muerto. Platón era el perro de María, un labrador negro hermoso, ya estaba grande, quién lo cuidaría después de esta tragedia.
Llegué a ella, no quería reconocerla, su figura carbonizada aún humeaba, y la verdad me tapé la boca por el olor y por el horror. Demasiado espanto fue ver al perro morir, uno ve los perros ya muertos por la calle, pero Platón me hacía compañía en mis sesiones, Joaquín no lo quería, bah! Eso decía María.
-¿Y qué pasó con él?
-¿Con Platón?
-Con el marido…
María me contó que Joaquín había despertado más temprano que ella, que se había ido sin desayunar, y que no contestaba su celular, ahí decidí viajar al pueblo, imaginé que algo malo estaba por suceder. Nunca me gustó la gente que no habla, que es tan callada y que encima hace bien el amor.
Cuando entré la puerta estaba entreabierta, el charco de sangre me impresionó, después de buscarla seguí las manchas y parecían ser de Platón, estaba tirado, casi muerto, apenas respiraba, pero… ella estaba peor, muerta claro, por eso digo peor, muerta por completo.
De repente Joaquín me llamó por mi nombre, y por el apodo afectuoso que María me había puesto, por eso le digo que vio todo, que sabía todo… yo estaba armado, me dí vuelta y ni bien lo vi, tan enorme como una pared … tiré. Creo que le dí en las piernas no sé.
Yo no maté a María, y apuesto que él mató a Platón por venganza. Aclaro que si aparece él, yo aquí le traje mi pistola, fue en defensa propia, no hay duda ¿no?

La mujer tenía un tiro en la cabeza y en la casa no había armas, dijo el comisario. El galpón fue incendiado y como había elementos inflamables, puede que haya ocurrido varias explosiones, que el hombre haya volado por el aire, que haya volado, me repitió.

-¿Volado cómo?- pregunté

Para eso debió estar dentro del galpón, encerrado en el galpón, el galpón ardió por horas, costó apagar el incendio, tal vez haya quedado reducido a cenizas, se refería a Joaquín.

Cuando entré María estaba a unos pasos del galpón pero el galpón estaba entero… ¿Cómo se explica María quemada y muerta en el parque? ¿y el perro muerto? ¿Y la sangre en la cocina?

La sangre es del perro y las únicas pisadas que hay en el lugar son de la pareja, y las suyas, claro, sentenció el comisario.

-No entiendo, usted dice que a María y al perro los mataron y que él voló por el aire? ¿Y entonces… ¿quién los mató?


El paciente quedó con la pregunta que sobrevoló mientras miraba desorbitado, el silencio ahora era de él, le pertenecía.

Espero el juicio pensando en María, imaginándola con el sol cálido que se posa cada mañana, en su hermosa sonrisa, mientras no dejo de compartir mi historia con aquel que crea en mi inocencia.



1 comentario:

maria cristina dijo...

Muy bien contado Meche!