jueves, diciembre 28, 2006

Buenas Noticias para compartir

Carlos Merlino nos acercó su primera edición de su Diccionario de Argentinismos, y nos ha comentado que está diseñando un blog literario de su autoría. Es un gusto para nosotros compartir en este espacio los logros de nuestros talleristas. Felicitaciones a Carlos por su trabajo de investigación y esperamos pronto poner un enlace a su blog.

Por otro parte Alejandro Crimi ha ganado un merecido premio en el II Certamen de Cuento Breve y VII de Poesía organizado por el Centro Cultural del Tango Zona Norte. Felicitaciones y aquí va el relato premiado que espero disfruten:

Revelándose




Apoya sólo el extremo de sus alas, si digo bien, el extremo de sus alas sobre el nácar de los botones. Estoy seguro que no hay forma de que algún humano haga sonar de este modo, esa pequeña cajita de madera con pulmón de cuero. Si hasta yo que no sé por donde empieza o termina un pentagrama y que mi oído por ilógico que parezca, carece de toda función. Puedo darme cuenta del exacto momento de la cópula entre el sostenido y un par de bemoles. Y que al rato de escucharlo, me abra la cabeza como un higo maduro. Y desde allí se interne en la búsqueda de lo que alguien llamó alma. Y repetidamente la viole sin piedad al encontrarla y vaya a parar definitivamente al sucio piso de una vieja estrella, y observe desde allí pasar al resto del mundo debajo de mis pies. Enroscarme en esa galaxia de piel, que me parece tan conocida ahora, que la palpo y la huelo y mi mano sirena empieza recuperar la sensación perdida. Hasta que se rompen ciento cincuenta kilos de nueces al mismo tiempo y ese ruido pardo me hace volver. Los maldigo en no menos de veintitrés idiomas y otros tantos dialectos. Dejo de buscar al menos por ahora. Mientras el resto de los mortales golpea sus manos, como una bandada de orangutanes. Como si eso alcanzara para rendirle una ofrenda a este viejo, que solo mueve los labios debajo de una luz mortecina, como si no fuera él mismo quien nos lava y ensucia al mismo tiempo con ese pedazo de arrabal que no deja de soñar.
Ha empezado a abrir lentamente los ojos. Descuelga de sus alas, (otra vez dije alas), sutilmente al bandoneón, que ya no respira, o es la fatiga que lo ha dejado así. Mudo.
Yo sigo buscando y termino coincidentemente donde tus huellas están más frescas. En el bar. Aprovecho el lugar y lo justifico pensando que vos nunca estás donde debieras y solo por eso me veo forzado a encontrarte en el alcohol. Exijo un whisky doble y coincido mágicamente (tal vez) con el viejo. Ahora tiene los ojos levemente abiertos, o el resto de su cara más cerrada. No le pregunto, por París, igual que los otros, o si conoció a “Gardel”, o si el tango se nos muere acá mismo esta noche. No. Le invito uno o dos whiskys, y al rato son tres o cuatro los tragos. Él revuelve el hielo con los dedos y yo no puedo, o tal vez no debo creer que se vean tan burdos en el contraste con ese fino velo de cristal de agua. Y es en esos momentos(maldito sea) que no creo en Dios, en el mío, en el de él, si es que lo tiene, o en cualquiera que alguien crea. Y me niego a pensar que este tipo, con esos ojos amarillos, hace un rato me haya volado la vida con su música. Haya desflorado intencionalmente cada una de mis miserias, dejando expuesto un pedazo de mí, que hasta ahora, si bien había escuchado sobre ella, nunca supe donde residía mi alma. Me contuve para no insultarlo, o tal vez patearle los dientes hasta que caigan de a uno. Pero estaba tan borracho, que apenas pude ver como tomó el último sorbo. Creo que sonrió , escupió un resto de hielo . Hasta pudo haber canturreado el borde de un tango o quizás recitado sin tacha una buena porción del sermón de la montaña. Se fue otra vez a la tarima, mirando hacia abajo como quien mira un barco de papel navegar en el mar de la vereda, o también porque no, haciendo huella en el agrio camino del Gólgota.
Yo en cambio estoy pegado a este banco. Inmóvil. Tan atado al cuarto whisky doble, como un animal salvaje que no suelta su presa. Él ha vuelto ya a la tarima, está parado, o parece tan grande ahora, o quizás un fantasma del whisky no se apiade de mí. Él abrió su boca, se acurrucó el fueye en las rodillas y otra vez la horda de orangutanes aplaudió. Y yo quisiera no tener que pensar esto, pero desde aquí con este cielo de neón amarronado que está a punto de estallar, empiezo a estar seguro que no son alas. No. Me niego y blasfemo pero es casi inevitable que mi razón se desfigure al comprobar que son las aspas de la mismísima cruz. Y el bandoneón. El Centurión Romano, y como tal le incrusta la lanza debajo de las costillas otra vez. Y todas las notas se expanden en el aire (polvo de alas de miles de polillas) y un borbotón de sangre caliente revienta contra el piso. Y yo que soy un pobre infeliz, me arrodillo y lloro como un chico que sueña con su padre muerto.
Ahora se ha quedado dormido. Al menos sus ojos, se han cerrado, formando un par de líneas horizontales. Sin embargo, sobre sus rodillas, el bandoneón se arquea como un chico resistiendo a las cosquillas. Abriendo y cerrándose espasmódicamente hasta el fin de la respiración.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Grande Ale.Felicitaciones

Anónimo dijo...

Felicitaciones!! muy bueno!!

Anónimo dijo...

grande monstruo!!!!!!no abandones q lo haces muy bien....

caatii dijo...

eeeeii, ese es mii PAA (:
t qiero muchiismo chhe !
un grandee, la verdadd !
la enviidia de los demas papas :p
t amo escritor :p
me voii, qee salgo , jaj
besiito ppa, i t re feliicito (:

carina dijo...

ALE... MUCHISIMAS FELICITACIONES!!!
BRINDO POR ESTE PREMIO Y OBVIAMENTE POR MUCHISIMOS LOGROS MAS....CHE ..QUE NO DECAIGA!
CARU.